jueves, 20 de enero de 2011

así lo entiendo


Mi debilidad por la filosofía proviene de su capacidad de confundirme. Todo en ella es tan inútil que me resulta imposible no apasionarme por algo que en realidad no existe y no interesa a nadie. Sin embargo es preferible intrigarme con los conceptos de algún filosofo, que con las preocupaciones enfermizas de más de algún mortal, aunque admito que de véz en cuando me intriga escucharlas.
No llegar a nada y sin embargo llegar mejor que cualquiera, he ahí la virtud del filósofo y quizá también, la del poeta.