lunes, 17 de diciembre de 2012

Y en intentos se me van las hojas...



Intenté escribir tu nombre 

en el cuaderno. 
Intenté escribir 
mil veces tu nombre, 
borrándolo en el intento. 
Cuando por fin entendí 
que escribirte no era lo mío, 
arrojé el cuaderno al suelo, 
lo rocié con alcohol 
y, finalmente, 
comulgué con el fuego. 
Intenté pronunciar tu nombre
de cara al viento. 
Intenté pronunciar 
mil veces tu nombre, 
callándolo sin saberlo. 
Cuando por fin entendí 
que nombrarte era un juego, 
abrí el viejo cajón, 
saqué otro cuaderno 
y, derrotada,
empecé a escribirte de nuevo.