Me alejé un poco de todo, le di la espalda al ruido y encendí unos
minutos del reloj. El humo de mi café hablaba despacio. Todo aquello en
lo que no había encontrado respuestas las descubrí en ese momento. Me detuve a pensar, di la vuelta al pasado, aunque el pasado siempre está ahí, es ineludible, se hace partícipe del hoy por hoy entrometiéndose con el futuro del cual creía tener en mis manos. Me encontré pensando en todo ello viniéndose a mi mente como un enjambre de abejas zumbando alrededor y por dentro de ella. Me recosté y encontré más respuestas en el techo y pensar que los libros las tenían, esos libros que solía leer. Espero de verdad espero que por fin sea algo bueno lo que por mucho tiempo fue malo. Resulta irónico que las creencias sean los móviles de toda actividad humana porque creer es la fórmula natural de pensar para poder vivir. Y creo, no sé si comencé a creer o ya lo hacía. Pero llegué a la conclusión de saberlo, sin la intención mínima de indagarlo.