Las criaturas más
desesperadas buscan también ser las más destacadas, de ahí que el reino
de la mediocridad sea lo más parecido a la discreción y a su vez, ésta,
tienda a parecerse a la vida eterna. Todo buen humano anhela un
paraíso sin prisas, demandas, ni contratiempos, donde la paz interior
imite a la paz del sepulcro, o es que acaso ¿el espíritu ha de
precipitarse irreversiblemente en ese abismo apantallante de la
presencia transformada en aparición? Cierta calaña de solitarios
regurgitan en la sombra sus mejores bocados, sin esfuerzos sin logros, sin sacrificios,ante la impávida reacción
de un mundo diseñado para ignorarles. Ni como ayudarles...
Mientras otras intentan escalar la más alta montaña y todos esos rascacielos a pesar de los torpes fracasos, jamás abandonan el sueño de llegar a la cima, las posibilidades de no alcanzarla disminuyen al intentarlo, es simple lógica, son simples ecuaciones con sus respectivos problemas llenos de complicaciones, pero al final siempre exíste un resultado concreto y lleno de orgullo; aquellos cuyo camino está abrumado de glomeraciones llenas de murallas e insectos cleptómanos, las posibilidades de valorar el entorno en el cual han regado su semilla con sudor y lágrimas resulta ser más gratificante al final llegando la cosecha, ironías, pero en los caminos planos habita demasiada simpleza y auscencia de satisfacción...
desgraciadamente abundan las criaturas que prefieren lo llano...
y como respuesta a un amigo prefiero a un perdedor que nunca se dá por vencido, a un ganador conformista