Cerrar los ojos e intuir que nada podrá reparar tus daños es
reencontrarse con la paz verdadera.
Los sueños son un desperdicio y una
distracción; residuos confusos de pulsiones vulgares, fragmentos
delirantes de tu imposibilidad de ser algo más que la partícula prescindible que eres; muecas inconfesables del subconsciente frígido
frente a su debilidad; remedos de divinidades volátiles,obsesiones proyectadas con introyectos adheridos al inconsciente,problemas sin solucionar, todo plasmado con imagenes abstractas y sueños de aquel que en los primeros segundos del día, aún no sabe si
está en este mundo o en el onírico, para ese, la vida será la intermitente
falacia del yo interno.

1 comentario:
exelente lo mejor ke hee leeido de ti
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