Ella era, para él, cada una de las cosas. Él era, para ella, una necesidad, un impulso vital. Comprendían que era inútil indagar el futuro. Asumían juntos su destino, interpretando los hechos del azar como evidencia, juzgando las casualidades por inoportunas, por causales. Sabían que lo fundamental para construir un porvenir que los viera unidos no era descifrar sinó más bien decidir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario